La “hiperintención” es un repelente para la felicidad.
Ya pasaron algunos años desde entonces. Estoy sentado en un AVE que me llevará de Barcelona a Madrid. Acabo de dar una charla sobre asma en una reunión de neumólogos patrocinada por un laboratorio. Pura (y muchas veces bendita) rutina. Pero lo que me espera en la capital tiene poco de rutinario y es una historia diferente que quizás merezca ser contada en otra ocasión. Entra en el vagón un tipo que ha cerrado el congreso con una de esas charlas-monólogo que hacen reír a la gente y, supuestamente, mejoran su actitud ante la vida para que consigan dejar atrás una existencia de penurias y puedan incorporarse al batallón de los “ganadores”. Es un personaje famoso, se le ve a menudo en la televisión y seguro que cobra una pasta por cada aparición pública. Me mira, titubea un momento y se acerca a mí. -Hola, le he visto en el congreso. ¿Le importa que me siente a su lado? -En absoluto, será un placer. El hombre deja su equipaje en la bandeja situada encima de los asientos y se acom...

Comentarios
Publicar un comentario