Alguianos
Es indudable que las sociedades occidentales se han distanciado de las religiones monoteístas tradicionales. Los motivos son varios y no es mi intención analizarlos en este breve texto. Sin embargo, persiste el deseo de trascendencia en un número nada desdeñable de personas, ahora de una forma más indefinida, menos “narrativa”. Los seres humanos no se resigan a desaparecer sin dejar rastro, pero se muestran cada vez más incrédulos para aceptar eternidades como la cristiana, un lugar inundado de luz divina, de paz, felicidad, justicia y conocimiento absolutos, o como la musulmana, un jardín de exuberante belleza y abundantes comida y bebida servidas por bellas huríes. Hasta la cerveza acaba cansando, la eternidad es larga... sobre todo hacia el final. Recuerdo que cuando era niño me resultaba más fácil aceptar la idea de infierno (una mala acción merece un castigo, algo que es parte de la experiencia humana) que la de cielo (una eterna vida carente de esfuerzo y sin aparente propó...