Por qué yo no podría votar nunca a VOX.
Escribo esto porque algunos bien queridos amigos han mostrado abiertamente cierta simpatía por VOX o, al menos, con algunas de sus “ideas” fundacionales. En ocasiones comienzan alguna conversación con algo parecido a “no es que yo sea de VOX, pero coincido en…”, y confieso que me da cierta pereza rebatirles. Tengo la esperanza de que, si tienen la paciencia de leer estas líneas, se vean disuadidos de iniciar un debate que no va a ocurrir y, si ocurre, siempre podré referirme a ellas y cambiar de conversación. Los que me conocen saben que no soy una persona de ideologías. Siempre me ha resultado imposible situarme en un lado del tablero político y sólo cuando surgió algún partido que pretendía dejar la ideología a un lado para poner a la razón en su lugar (UPyD, Ciudadanos…) pude votar con convencimiento. Soy un librepensador que no desea someterse al dictado ideológico de ningún partido. Preferí la fatigosa libertad a la comodidad de tomar el camino de servidumbre, dudar en lugar...