El camarón, el ataúd y la conversión de lo pesado en liviano.
Escribo esto con inagotable
agradecimiento a Milan Kundera, uno de mis escritores más admirados y disfrutados,
cuya obra “La insoportable levedad del ser” he releído recientemente con un placer
reforzado por el paso del tiempo. Esta novela es un ejercicio quirúrgico sobre
muchos de los aspectos esenciales de lo humano, con el trasfondo histórico de
la primavera de Praga. Contrapone la levedad representada por Tomás (la vida se
vive una sola vez y no es posible adquirir experiencia de nuestras decisiones,
lo que les resta trascendencia), con el “peso” de la responsabilidad y compromiso,
encarnados en Teresa. La lucha de los opuestos fue objeto del interés de los
filósofos de la Grecia clásica: para Heráclito, que interpretó el mundo como
cambio permanente, no eran excluyentes, conviven en la eterna “guerra” que
mantiene la armonía del universo; Aristóteles juzgó imposible su coexistencia
en el mismo sujeto.
Hace años, un compañero en un
congreso de neumología me dijo, en tono de broma, que los gallegos deberíamos
hacer como los cardiólogos, que inventan ingeniosos acrónimos (GRAVITAS,
PROTECT…) para sus estudios más importantes. Me retó a buscar un acrónimo para
un estudio en asma que reflejase la idiosincrasia gallega. No tardé en
responderle: estudio CAMARON (control del asma mediante el análisis regular del
óxido nítrico). La broma podría haber terminado ahí, pero por alguna razón, me
sentí obligado a hacer un estudio que se adaptase al acrónimo, y un tiempo más
tarde lo publiqué en la revista europea (DOI: https://doi.org/10.1183/09031936.00118809).
Es decir, había saltado de lo “liviano” a lo “pesado”. Años más tarde, hice un
estudio sobre la repercusión clínica que podría tener prescribir un tratamiento
para el asma una o dos veces al día. Se supone que es mejor para el
cumplimiento la dosificación cada 24 horas que cada 12 horas y eso se traduce
en mayor efectividad. En este caso el diseño fue primero y el acrónimo (ATAUD:
Adherencia al tratamiento del asma una o dos veces al día) vino después (DOI:
10.1080/02770903.2018.1426769). En este caso recorrí el camino inverso: de lo “pesado”
a lo liviano”. El acrónimo ATAUD restaba gravedad al estudio.
Entre uno y otro estudio pasaron 8
años y me pregunto en qué medida ese tiempo había operado un cambio esencial en
mi forma de ver la vida. En el 2010 vivía con mi mujer y mis hijos, había
aceptado la responsabilidad de ser jefe de servicio y el compromiso, la
competencia y la seriedad regían mi forma de comportarme. En el 2018, la
situación había cambiado, vivía solo después de haberme separado y mis hijos ya
habían crecido lo suficiente para tener una relativa autonomía. Supongo que
había aprendido a restar dramatismo y trascendencia a los hechos vitales y a
los logros y ATAUD era una forma de reírme de mi mismo. La inmersión en el
absurdismo sería un paso más allá que vendría después.
Ahora cabe preguntarse qué es mejor,
lo pesado o lo liviano, y no sabría decirlo con certeza. Lo pesado nos ha
legado la quinta sinfonía de Beethoven, la filosofía de Kant, la física de
Newton y las copas de Europa del Real Madrid.
Lo liviano nos ha dejado la música de los Beatles, los cuentos de Cortázar,
el sentido del humor de Charles Chaplin y el Atlético de Madrid. Yo no puedo
ser neutral, la transición de lo pesado a lo liviano es, creo, irreversible. No
hay vuelta atrás. Y me siento cómodo con ella, y contradiciendo a mi querido
Kundera, considero muy soportable la levedad del ser.

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