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Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.

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Entre los escritores malditos estadounidenses (y hay unos cuantos), David Foster Wallace ocupa un destacado lugar por méritos propios. Es el autor de una de las novelas más citadas y menos leídas de la literatura americana (“La broma infinita”), es un escritor de culto para alguno de sus contemporáneos (Jonathan Franzen) y, sobre todo, alguien que tuvo la feliz idea de hacer un bonito cadáver ahorcándose a los 46 años (padecía una depresión mayor). Como curiosidad, y de forma coherente con el nombre de este blog, había nacido en Ithaca (NY). Entre sus obras hay una muy divertida, compuesta de ensayos cortos que ridiculizan costumbres occidentales (es hilarante su descripción de un crucero) y es precisamente de este libro del que he tomado “prestado” el título. Mi humilde aportación versa acerca de los “hoteles de todo incluido”, específicamente en su modalidad “con niños”. Los hoteles de “todo incluido” con niños (en adelante HTIN) son lugares muy socorridos para todos los que he...

La solitaria condición de las personas-espejo.

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En una entrada anterior hablaba de la importancia de los valores y también de la diferencia entre lo “humano” (entendido como una desviación temporal de la conducta en referencia a los valores que uno mismo considera básicos, motivada por la débil naturaleza de las personas) y lo “blandengue” (interpretado como un abandono de los valores propios, un cambio diametral de punto de referencia moral por miedo o por pura conveniencia). Muchos somos humanos, bastantes son blandengues, pero hay una tercera categoría mucho más infrecuente: las personas que rara vez se apartan de sus valores. A estas últimas me gusta llamarlas “personas-espejo”, porque en ellas podemos ver reflejada nuestra "humanidad" o "blandenguería". Pongamos un ejemplo. Imaginemos una oficina en la que trabaja desde hace años un grupo de administrativos. Todos se conocen y han llegado a acuerdos más o menos explícitos para llegar tarde de vez en cuando, para salir un rato a tomar un café o hacer la...

El ¿irresoluble? problema de las tres patas.

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Uno de los enigmas clásicos de la astronomía fue el problema de los tres cuerpos: no se puede determinar mediante una solución analítica general (como en su día mostró Poincaré), para cualquier instante, las posiciones y velocidades de tres cuerpos de cualquier masa que están sometidos a atracción gravitacional mutua y partiendo de unas posiciones y velocidades dadas. Que no podamos encontrar una solución en términos de funciones elementales no quiere decir que tal solución no exista. De hecho, el matemático finés Sundman proporcionó en 1912 una solución al problema de los tres cuerpos por medio de una serie convergente (serie numérica en la que la sucesión de sumas parciales converge en un número real), y sí hay soluciones analíticas para ciertas configuraciones, como cuando se asume que una de las masas es despreciable y se atribuyen órbitas especificas o posiciones fijas. Además, la ciencia siempre encuentra soluciones y atajos y en la época de los supercomputadores se puede re...

El nacionalismo es un erizo de afiladas púas.

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En su ensayo de 1953 “El erizo y el zorro” el filósofo Isaiah Berlin, conocido fundamentalmente por sus reflexiones sobre la libertad, divide al mundo -sobre todo a pensadores y escritores- en dos categorías: los erizos y los zorros. La idea se le ocurrió a partir de un proverbio atribuido al poeta griego Arquíloco: «Mientras que el zorro sabe de muchas cosas, el erizo sabe mucho de una sola cosa». Brevemente, los erizos simplifican la complejidad del mundo y reúnen su diversidad en base a una única idea; podría verse como un prisma inverso que recogiese los diferentes colores y los agrupase en un haz de luz blanca. Los zorros, por otra parte, son incapaces de reducir el mundo a una sola idea y se mueven constantemente entre una inmensa variedad de conceptos y de experiencias (aprovecho este momento para declarar públicamente que soy un zorro). El extremo de un erizo sería el fanatismo y el escepticismo sería el final del camino de un zorro. Es evidente que los nacionalistas son eriz...

Lugares en los que se calma el dolor: Iguazú.

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A petición de mi buena amiga MM y tomando prestado el título de un libro de viajes de César Antonio Molina. Una canción de Dylan empieza con el verso “nobody feels any pain”. Y siempre que la escuché pensé que sería maravilloso que esto pudiera ocurrir, y que gracias a una imposible casualidad el dolor despareciese por completo del mundo. Aunque sólo fuese una fracción de segundo, aunque jamás volviese a ocurrir. Creo que es posible que haya lugares en el mundo que, por su impactante belleza, alejen de las personas el dolor, la ansiedad y el miedo. En esos sitios mágicos, el espíritu se relaja, se libera y, de una forma imperceptible, desaparecen todas las preocupaciones. Iguazú es sin duda uno de estos parajes en los que la naturaleza despeja el dolor de las mentes. No es necesario esforzarse, es algo que ocurre de una forma natural, inconsciente, porque entronca con algo esencial en el ser humano, algo que nos recuerda a todos de dónde venimos y quienes somos. Simplemente se tr...

La importancia de los valores.

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En una entrada anterior mencioné de pasada los valores, entendidos como ideas sobre lo que se considera moralmente correcto. Nada hay que te acerque más a otra persona o que más te aleje de ella que los valores. Pero no es mi intención hacer una larga disertación ética, hay libros y tratados que se ocupan de ello con mayor precisión y profundidad de lo que yo podría hacerlo aquí. Lo que me apetece es comentar dos casos concretos y diametralmente opuestos de cómo se pueden compartir valores. Una de las preocupaciones fundamentales de cualquier padre es transmitir valores a los hijos, y el cine es una forma excelente de hacerlo. Sin duda, el héroe moral de mi infancia y adolescencia es Atticus Finch. Leí primero el libro de Harper Lee (el único, el otro no cuenta), que estaba perdido por alguna de las estanterías de mi casa y después vi la maravillosa adaptación al cine de Robert Mulligan. Ambas obras me siguen emocionando profundamente. El personaje de Atticus está descrito a part...

Un breve discurso sobre la separación amorosa.

A todo el mundo le han roto el corazón alguna vez. Y si esto no le ha ocurrido todavía a usted es porque ha tenido mucha suerte y ha acertado al primer intento, o porque se ha conformado con una mesa coja de alguna de las tres patas (en otro momento hablaré de eso) o porque ha vivido siempre el amor como una - en palabras de Stendhal- “representación cortés” (es decir, ha actuado en una obra en la que ha representado el papel de enamorado porque piensa que hay cierta obligación en el hecho de enamorarse). Pero si ha sido “el desollado” (aquí me apoyo en “Fragmentos del discurso amoroso” de R Barthes), un sujeto amoroso con especial sensibilidad que lo hace vulnerable, ofrecido en carne viva a las heridas más ligeras, es probable que haya vivido una ruptura traumática, un duelo calificado como “de primer orden” por los psicólogos y psiquiatras. Estos siempre enumeran ciertas fases por las que supuestamente debe pasar ese duelo (negación, ira, negociación, tristeza y aceptación), que s...