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Un espíritu de bata blanca.

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 Mi agradecimiento al gran Ortega, no al filósofo, al de la SER.  Anoche soñé que moría. Mi corazón dejaba de latir y mi alma abandonaba mi cuerpo, pero en vez de transitar a otra realidad, a algo más o menos parecido al paraíso cristiano (o al infierno), permanecí unido a mi vida terrena como uno de esos fantasmas que pueblan las novelas góticas. Así que mi espíritu se acomodó a la rutina diaria y, como si fuera un día normal, se acercó puntualmente al hospital donde trabajaba. Allí me encontré con mis queridos compañeros y amigos que, evidentemente, no eran conscientes de mi presencia. Cuando llegué a la sala de sesiones donde cada día nos reunimos para comentar los pacientes ingresados y distribuir las tareas más urgentes, el ambiente era desolador. Rostros demudados, ojos enrojecidos, llantos incontenibles… Mi compañero R, con voz quebrada, tomó la palabra. -Todavía no me lo puedo creer…aun ayer estaba entre nosotros, lleno de vida, aparentemente sano. Transmitía esa imp...

El calvo que contrajo piojos.

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  La conducta del despreciable presidente de la RFEF no me sorprendió lo más mínimo. Había seguido por la prensa sus chanchullos con los jeques árabes, sus roldanescas orgías, y me había indignado con el escandaloso sueldo autoadjudicado. Un paleto disfrazado de Armani, acostumbrado a hacer su voluntad, vestido de chulería sin gracia, prepotente y, por alguna razón que se nos ha hurtado a los ciudadanos españoles, pero que presumo turbia, mantenido en su cargo a pesar de todas las evidencias. No, no me sorprendió lo que hizo y, para ser sincero, tampoco lo que ocurrió después y ahora me dispongo a relatarles. Todos hemos visto las imágenes y hemos seguido el curso posterior de los acontecimientos. La primera reacción, tibia por la incertidumbre acerca de la posible relación que hipotéticamente podrían haber mantenido los dos protagonistas y por la ausencia de una denuncia formal por parte de la futbolista. La siguiente, firme desde las filas de los defensores del “feminismo clási...

Carnet de puntos de ciudadanía.

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Un debate habitual en muchas tertulias es si todos los votos deben valer lo mismo. Si es justo que un delincuente (no pueden votar en las elecciones los presos que están condenados por sentencia firme a la pena de privación del derecho de sufragio, sí los demás) comparta idéntico derecho que un ciudadano ejemplar. Y no me refiero a la “capacidad” para elegir correctamente, que dependerá de una suma de rasgos inconmensurables como la ideología, la inteligencia, la cultura, la formación política, etc. No creo que sea factible discernir entre personas más o menos capacitadas y, con toda seguridad, tampoco sería conveniente (lo deseable es que la cámara de representantes refleje la diversidad social). Pero ¿por qué un sinvergüenza debe ostentar los mismos derechos que una persona virtuosa? ¿Por qué alguien que vive a costa de la sociedad disfruta de la misma capacidad de influencia que alguien que aporta bienestar a la ciudadanía? Mi opinión personal es que no debería ser así. Creo que un ...

Pequeña guía para electores racionales.

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  Comparto mis reflexiones y dudas ante unas venideras elecciones reñidas, y este breve texto va dirigido a la minoría de electores racionales, ya que los votantes ideológicos nunca se plantearán el sentido de su voto, está decidido fuere cual fuere el desempeño o la propuesta de su partido. Desde mi punto de vista, lo primero que se debe hacer es analizar la actuación del gobernante: él es acto mientras que los demás son verbo. Podemos evaluar si lo que realmente importa (economía, sanidad, educación, etc) está mejor ahora que antes, pero ésta no es una labor sencilla, ya que los datos disponibles no siempre son fiables y, además, están sujetos a una interpretación sesgada. Por ejemplo, parece que casi nadie discute que las cifras macroeconómicas de España son razonablemente buenas (si dejamos a un lado la enorme deuda del país), pero se puede alegar con justicia que los ciudadanos pierden poder adquisitivo a marchas forzadas. Además, hay aspectos que sí tienen que ver con lo ideo...

Caída y auge de la fealdad humana.

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  Todo empezó con un estudio financiado por la CID (Compañía Internacional Dermoestética). Ese estudio, multinacional, estableció un patrón oro de belleza para cada raza humana creado por una IA. Las personas que se situaron más allá de dos desviaciones estándar de ese patrón fueron clasificadas como dismórficas (aunque el común de la gente lo simplificó con un adjetivo más familiar: feas). Un riguroso análisis estadístico demostró que las personas dismórficas (un 8,6 % de la población general) tenían un riesgo significativamente mayor de pobreza, suicidio, muerte precoz, depresión… que las personas canónicas. Y esta diferencia se mantenía incluso después de hacerse una corrección por la edad, situación social… y otros potenciales factores confusores. Reproduzco aquí unas declaraciones del CEO del CID: “Es una evidencia científica que la dismorfia constituye un serio problema de salud pública, y mi compañía está comprometida para actuar mejorando la calidad de vida de los pacientes...

Todo empieza en el epitelio.

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  A. era un hombre serio. Volcado en su profesión, había descuidado las relaciones sociales, especialmente con el sexo femenino. Lo había intentado, sí, pero cada una de sus citas se contaba por sonoros fracasos. No lograba sobrepasar el listón de la primera cena y el interés inicial que podía haber despertado se veía irremisiblemente transformado en conversaciones insulsas, furtivas miradas al móvil y, finalmente, en indisimulados bostezos. M. le gustaba especialmente. Ella se había interesado por sus investigaciones en el terreno del asma grave, demostrando un profundo conocimiento de una materia que era la pasión de su vida. Además, para qué negarlo, era una mujer atractiva, culta e irradiaba optimismo y simpatía. A. decidió que era un buen momento para pedir consejo a su mejor amigo: -De verdad, no sé qué hacer. Ella me atrae mucho y me he dado cuenta de que le intereso. Quizás sea por mi trabajo, no lo sé, pero me gustaría pensar que hay algo más. -¿La has invitado a cenar...

Oficina de causas.

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  Lo reconozco, siempre fui bastante vago, algo así como el “Nota” de la película de los Cohen. Desde muy joven llegué a la conclusión de que la vida carece de un sentido inteligible y que lo mejor es atravesarla sorteando complicaciones evitables como el matrimonio, la paternidad o el trabajo por cuenta ajena. Cursé una carrera, sí, pero más con el ánimo de no perderme la experiencia universitaria que de llegar a ejercerla en la edad adulta. Contando con la suerte de una generosa herencia en forma de propiedades inmobiliarias, pude ejercer mi verdadera vocación, vivir de rentas. Y así fueron transcurriendo los años, sin sobresaltos ni madrugones, con la única ocupación de pasear a mi perro, quedar con los amigos para tomar unas cervezas, ir al campo a ver los partidos de mi equipo de fútbol y organizar un viaje de cuando en cuando. Este limitado y poco ambicioso plan de acción se vio incluso reducido una vez que los amigos se casaron, tuvieron hijos y adoptaron el modo de vida más...