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De cómo Morata pasó de villano a héroe.

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  Con total honradez: es cierto que Morata lucha lo indecible en los partidos, que es un buen capitán, que recupera balones, y me creo que es una persona adorable y que goza del aprecio de sus compañeros, pero, coño, a un delantero centro se le pide que marque goles. Marcó uno en el equipo más goleador de la historia de la Eurocopa. Por ello ha recibido críticas, algunas razonables y otras despiadadas y de mal gusto. Y su reacción ha sido la más habitual en estos tiempos, adquirir el estatus de víctima, el que adoptaron ilustres predecesoras como Rociíto o Begoña Sánchez. O el que luce el mismísimo Donald Trump como enseña electoral. ¿Y por qué alguien querría ser víctima? Porque una vez que es aceptada como tal, queda exenta de toda crítica, está a salvo. Y así ha sido: en los últimos días han proliferado las columnas en los periódicos y los comentarios en la radio en defensa de Morata, ese hombre que tuvo la valentía de desnudarse públicamente, de mostrar su debilidad y sufrimi...

En cualquier fiesta…

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  No recuerdo exactamente cómo y cuando lo conocí. Pero sí que fue cuando los dos empezamos la carrera de medicina…en la facultad o en cualquier fiesta, qué más da. Creo que a los 18 años todos éramos parecidos, queríamos divertirnos, salir con chicas y todavía no pensábamos seriamente en el futuro, estudiábamos para aprobar. Las diferencias se acentúan con la edad, con la manera en cómo lo que cada persona ha vivido (relaciones, hijos, trabajos o desgracias) determina su ánimo, preferencias o valores. Y el tiempo acentuó nuestras diferencias sin hacer mella en el mutuo afecto y respeto. Nunca cruzamos una línea roja. Miro hacia atrás y puedo reconocer en él rasgos que me agradaban (su natural alegría, su sociabilidad, su curiosidad por aprender, la bondad…) y también otros que me irritaban. Nunca compartí con él su inclinación por eso que llaman “la estética del perdedor”. Él encontraba algo admirable en personajes literarios o cinematográficos que hacían poco por escapar de ...

De la conversación como un arte.

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  Son muchos los textos que se han ocupado de la conversación como una actividad humana específica y esencial. En la Grecia clásica era una disciplina que se cultivaba con esmero y grandes pensadores, como Sócrates, o el mismo Platón en el Banquete (en la República prohibía este ejercicio a espíritus ineptos y mal nacidos), decidieron transmitir sus conocimientos en forma de diálogo. Guardo especial querencia por el ensayo de Montaigne.  “El más fructífero y natural ejercicio de nuestro espíritu es, a mi modo de ver, la conversación: encuentro su práctica más agradable que ninguna otra acción de nuestra vida, por lo cual, si yo ahora me viera en la necesidad de elegir, concedería perder la vista antes que el oído o el habla.”. Y creo que mi aprecio nace de la autocrítica a la que el mismo autor se somete. “Es la estupidez una característica detestable, pero no poderla soportar, e irritarse y consumirse por ella, como a mí me ocurre, constituye otra suerte de enfermedad, que ...

Sólo acierto cuando me equivoco.

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  Acostumbro a mirar la historia de mis pacientes antes de entrar a verlos. Con detalle, desde los antecedentes, las pruebas realizadas, las visitas previas al hospital o centros de salud. Revisé cuidadosamente la historia del paciente de la 22-1, un varón de 72 años con numerosas comorbilidades y citas con diferentes especialidades. Sin embargo, el diagnóstico actual era claro, tenía una embolia pulmonar.   Cuando crucé la puerta de la habitación, pude observar a simple vista que estaba grave: una frecuencia respiratoria mayor de 30, uso de la musculatura respiratoria accesoria. La pregunté a la enfermera cuál era su tensión arterial sistólica…nueve, justita. Lo exploré, comprobé que necesitaba oxígeno al 35% para mantener una SaO2 del 90% y volví al ordenador para prescribir el tratamiento. Cuando vi el que había dejado el residente de guardia, lo maldije en silencio. Lo de siempre, un corticoide, broncodilatadores, antibióticos… ¡y no había ordenado la anticoagulación! Camb...

Un espíritu de bata blanca.

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 Mi agradecimiento al gran Ortega, no al filósofo, al de la SER.  Anoche soñé que moría. Mi corazón dejaba de latir y mi alma abandonaba mi cuerpo, pero en vez de transitar a otra realidad, a algo más o menos parecido al paraíso cristiano (o al infierno), permanecí unido a mi vida terrena como uno de esos fantasmas que pueblan las novelas góticas. Así que mi espíritu se acomodó a la rutina diaria y, como si fuera un día normal, se acercó puntualmente al hospital donde trabajaba. Allí me encontré con mis queridos compañeros y amigos que, evidentemente, no eran conscientes de mi presencia. Cuando llegué a la sala de sesiones donde cada día nos reunimos para comentar los pacientes ingresados y distribuir las tareas más urgentes, el ambiente era desolador. Rostros demudados, ojos enrojecidos, llantos incontenibles… Mi compañero R, con voz quebrada, tomó la palabra. -Todavía no me lo puedo creer…aun ayer estaba entre nosotros, lleno de vida, aparentemente sano. Transmitía esa imp...

El calvo que contrajo piojos.

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  La conducta del despreciable presidente de la RFEF no me sorprendió lo más mínimo. Había seguido por la prensa sus chanchullos con los jeques árabes, sus roldanescas orgías, y me había indignado con el escandaloso sueldo autoadjudicado. Un paleto disfrazado de Armani, acostumbrado a hacer su voluntad, vestido de chulería sin gracia, prepotente y, por alguna razón que se nos ha hurtado a los ciudadanos españoles, pero que presumo turbia, mantenido en su cargo a pesar de todas las evidencias. No, no me sorprendió lo que hizo y, para ser sincero, tampoco lo que ocurrió después y ahora me dispongo a relatarles. Todos hemos visto las imágenes y hemos seguido el curso posterior de los acontecimientos. La primera reacción, tibia por la incertidumbre acerca de la posible relación que hipotéticamente podrían haber mantenido los dos protagonistas y por la ausencia de una denuncia formal por parte de la futbolista. La siguiente, firme desde las filas de los defensores del “feminismo clási...

Carnet de puntos de ciudadanía.

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Un debate habitual en muchas tertulias es si todos los votos deben valer lo mismo. Si es justo que un delincuente (no pueden votar en las elecciones los presos que están condenados por sentencia firme a la pena de privación del derecho de sufragio, sí los demás) comparta idéntico derecho que un ciudadano ejemplar. Y no me refiero a la “capacidad” para elegir correctamente, que dependerá de una suma de rasgos inconmensurables como la ideología, la inteligencia, la cultura, la formación política, etc. No creo que sea factible discernir entre personas más o menos capacitadas y, con toda seguridad, tampoco sería conveniente (lo deseable es que la cámara de representantes refleje la diversidad social). Pero ¿por qué un sinvergüenza debe ostentar los mismos derechos que una persona virtuosa? ¿Por qué alguien que vive a costa de la sociedad disfruta de la misma capacidad de influencia que alguien que aporta bienestar a la ciudadanía? Mi opinión personal es que no debería ser así. Creo que un ...