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Por qué yo no podría votar nunca a VOX.

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  Escribo esto porque algunos bien queridos amigos han mostrado abiertamente cierta simpatía por VOX o, al menos, con algunas de sus “ideas” fundacionales. En ocasiones comienzan alguna conversación con algo parecido a “no es que yo sea de VOX, pero coincido en…”, y confieso que me da cierta pereza rebatirles. Tengo la esperanza de que, si tienen la paciencia de leer estas líneas, se vean disuadidos de iniciar un debate que no va a ocurrir y, si ocurre, siempre podré referirme a ellas y cambiar de conversación. Los que me conocen saben que no soy una persona de ideologías. Siempre me ha resultado imposible situarme en un lado del tablero político y sólo cuando surgió algún partido que pretendía dejar la ideología a un lado para poner a la razón en su lugar (UPyD, Ciudadanos…) pude votar con convencimiento. Soy un librepensador que no desea someterse al dictado ideológico de ningún partido. Preferí la fatigosa libertad a la comodidad de tomar el camino de servidumbre, dudar en lugar...

El camarón, el ataúd y la conversión de lo pesado en liviano.

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  Escribo esto con inagotable agradecimiento a Milan Kundera, uno de mis escritores más admirados y disfrutados, cuya obra “La insoportable levedad del ser” he releído recientemente con un placer reforzado por el paso del tiempo. Esta novela es un ejercicio quirúrgico sobre muchos de los aspectos esenciales de lo humano, con el trasfondo histórico de la primavera de Praga. Contrapone la levedad representada por Tomás (la vida se vive una sola vez y no es posible adquirir experiencia de nuestras decisiones, lo que les resta trascendencia), con el “peso” de la responsabilidad y compromiso, encarnados en Teresa. La lucha de los opuestos fue objeto del interés de los filósofos de la Grecia clásica: para Heráclito, que interpretó el mundo como cambio permanente, no eran excluyentes, conviven en la eterna “guerra” que mantiene la armonía del universo; Aristóteles juzgó imposible su coexistencia en el mismo sujeto. Hace años, un compañero en un congreso de neumología me dijo, en tono de...

Congregatio absurdi (y dos, semper dolens).

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No existe, como tal, una ceremonia de bautismo que celebre el ingreso en la Congregación, pero es obligado que un rector manifieste su conformidad y le asigne dos guías al nuevo acólito. Estos guías deben resolver dudas y servir de ayuda para que el recién llegado aprenda a manejarse en la incertidumbre y el absurdo, apoyándose únicamente en dos bastones: proyectos y afectos. La incorporación a la Congregación requiere dejar a un lado el pudor y estar dispuesto a compartir con los guías aspectos de la intimidad personal que probablemente se hubiera preferido mantener en secreto. Existen lemas que algunos miembros han estampado es sus camisetas, como “orgullo es creerte por encima del absurdo”, “el absurdo nos iguala a todos” y un largo etcétera, pero, en general, se asume que la entrada en la Congregación supone dejar atrás dogmas y verdades absolutas para sumergirse en un racional escepticismo. Con todo, lo más significativo del proceso, la verdadera marca de su singularidad, es la pí...

Congregatio absurdi.

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  Somos muchos los que, en algún momento u otro, tomamos conciencia de que la vida es absurda. Es decir, que carece de un sentido en sí misma o propósito trascendente. Y que, mirada desde una cierta distancia y de una forma desprejuiciada, tan absurda es la vida de Einstein (por ejemplo) como la de cualquier paisano de la sierra de Outes. He empezado diciendo que somos muchos, pero no todos, los que hemos reflexionado sobre el sinsentido de la vida y podría poner muchos ejemplos, valgan algunos. “Vita ratione caret” (“la vida carece de sentido”, Panegyrici Veteres). “El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval” (Mariano José de Larra; un absurdista que no supo lidiar con su revelación y puso fin a su existencia con un tiro en la sien por un disgusto sentimental). “"¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son." (Calderón de la Barca). “"...

Alguianos

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  Es indudable que las sociedades occidentales se han distanciado de las religiones monoteístas tradicionales. Los motivos son varios y no es mi intención analizarlos en este breve texto. Sin embargo, persiste el deseo de trascendencia en un número nada desdeñable de personas, ahora de una forma más indefinida, menos “narrativa”. Los seres humanos no se resigan a desaparecer sin dejar rastro, pero se muestran cada vez más incrédulos para aceptar eternidades como la cristiana, un lugar inundado de luz divina, de paz, felicidad, justicia y conocimiento absolutos, o como la musulmana, un jardín de exuberante belleza y abundantes comida y bebida servidas por bellas huríes. Hasta la cerveza acaba cansando, la eternidad es larga... sobre todo hacia el final. Recuerdo que cuando era niño me resultaba más fácil aceptar la idea de infierno (una mala acción merece un castigo, algo que es parte de la experiencia humana) que la de cielo (una eterna vida carente de esfuerzo y sin aparente propó...

Amancio Ortega es de izquierdas.

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  Soy una persona anideológica, palabra que no existe, pero que debería existir. O más bien, soy una persona cuya única ideología es carecer de ideología. Bien joven, me separé de la religión y siempre me resistí a adoptar una sustituta. No es fácil ser anideológico en un mundo en el que las personas se sienten cómodas abrazando un credo político, cuesta hacer entender una postura racional y minoritaria, pero esto me ha librado de tener que comulgar con ruedas de molino, sortear estresantes disonancias cognitivas, evitar complejos ejercicios de “doblepensar” y terminar una disputa verbal con el consabido “ya, pero los otros son peores”. Tengo amigos de diferentes tendencias y he participado en innumerables conversaciones y discusiones sobre política. Y casi siempre he podido entrever que mis queridos conocidos zurdos se escudan en la pretendida superioridad moral. Reconocen que las personas de izquierdas se equivocan, pero son errores bienintencionados, disculpables porque la inten...

Los gemelos oncológicos (y tres)

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  Tenía prisa por largarme de allí, la compañía de ese tipo me disgustaba, y ese disgusto se manifestaba con desagradables sensaciones físicas, algo parecido a una marea nauseosa que me costó contener. Su olor personal, su desaliño, sus ademanes chulescos, el tono burlón de su voz…todo ello traducía resentimiento hacia mí y hacia los que son como yo, personas que han alcanzado un estatus social a base de esfuerzo y mérito. El típico resentimiento de clase de quien no ha logrado sacar la cabeza de la mediocridad, quien ha visto una y otra vez, a lo largo y ancho de su vida, como otros se llevaban las mejores calificaciones, los mejores trabajos y las mujeres más atractivas. Un tipo cuyo mundo ideal sería el regido por un gobierno comunista que aupase a las clases desfavorecidas, a los que fueron perdedores en las aulas, que le encaramase a un puesto de responsabilidad que le permitiese segar a los meritorios, a los mejores, a los que le habían superado en deportes y en matemáticas, ...

Los gemelos oncológicos (dos).

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Me pasé la lengua por los labios, pero ni siquiera el regusto del scotch que me acababa de meter entre pecho y espalda me libró de la sensación de repugnancia que me había dejado la conversación con el “gemelo”. Un llorica incapaz de asumir sus propios actos. Un tipo rebosante de hipocresía moral. Me he encontrado con cientos como él a lo largo la existencia, niños-bien, mimados por la vida, tipos que no han tenido que enfrentarse a verdaderos problemas, con un trabajo bien remunerado, con una esposa que su madre no hubiera dudado en elegir para ellos, con hijos modélicos… verdaderos clichés vivientes. Y entonces, claro, llega el golpe y todo ese frágil andamiaje moral se cae a pedazos. Y en lugar de mostrar entereza, de reconocer que todo lo anterior no era más que una ridícula comedia, se torturan y lamentan por la pérdida del paraíso. Vale, muy bien, pero que no me dé a mí el coñazo, joder. Que me deje tranquilo y no me asalte por la calle para tranquilizar su estúpida conciencia bu...

Los gemelos oncológicos.

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  De alguna forma lo sabía (creo que, llegado el momento, todos lo sabemos), así que la noticia no me cogió desprevenido. -¿Es grave, doctor? -Pues sí, muy grave, es un cáncer para el que se están desarrollando tratamientos prometedores, pero todavía no tenemos resultados definitivos. El tono de su voz, su aspecto de hombre maduro y elegante, la forma de mirarme directamente a los ojos, afectuosa sin asomo de fingimiento… todo él transmitía cercanía. -Sin embargo, tengo algo que ofrecerle. ¿Ha oído hablar de los gemelos oncológicos? -¿Gemelos oncológicos? No sé a qué se refiere usted. El especialista apoyó los codos en la mesa y juntó las manos para acercarse a mí, supongo que en un intento de superar la barrera que la mesa de una consulta impone entre las dos partes de una entrevista clínica. -Así les llamamos. Son personas que, por dinero, se dejan implantar el tumor que está sufriendo un paciente. La misma línea celular, en el mismo órgano. En estas personas podemos ir ensayando...

Con mis propias palabras.

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  https://www.youtube.com/watch?v=kJGcL9tF6wY

¿Debemos trabajar los sábados los médicos de hospital?

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  Los/las médicos somos bien conocedores de lo que se ha dado en llamar “el efecto fin de semana” en los hospitales. Entre la hora de salida del viernes (15 h) y la de entrada los lunes (8h) trascurren 65 horas, y se especuló mucho sobre si, en el caso de que los/las médicos no visitasen a los pacientes durante este largo periodo de tiempo, ello pudiera aumentar el riesgo de mortalidad. Hay abundante bibliografía sobre el impacto del “efecto fin de semana” sobre la mortalidad en los pacientes ingresados por cualquier patología (Bell et al. NEJM 2001), y también sobre pacientes ingresados por patologías concretas como infarto de miocardio (Kostis et al. NEJM 2007), insuficiencia cardiaca (Elola et al. Rev Esp Cardiol. 2024), y un largo etc. Según Antonio Zapatero, que lo ha documentado con el equipo de gestión clínica de la Sociedad Española de Medicina Interna, este fenómeno ha dejado de ser una intuición informada para convertirse en una evidencia científica. En países como España...

La “revolución cultural” en medicina.

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  Creí necesario dar una patada al avispero para manifestar una opinión que es compartida por muchos/muchas de mis colegas y que ha permanecido demasiado tiempo oculta. En absoluto es un ataque a la profesión médica (si no hubiera un gran número de personas honestas no tendríamos sanidad pública a estas alturas) y más bien se podría considerar una autocrítica que tiene por objetivo la mejora de la atención al paciente. Tampoco es una oposición al buen uso de las medidas sociales, es una denuncia del abuso.   Llevar una bata blanca no conlleva el automático reconocimiento social, cada uno debe ganárselo con su propia trayectoria profesional. Y nosotros no somos diferentes de otras personas que desempeñan otros cometidos, aunque el oficio de médico, por sus implicaciones, por el hecho de que los pacientes depositan su confianza en nosotros en una situación de indefensión, sí es especial, y moralmente más exigente. Si somos capaces de dejar a un lado el ruido y la furia, si presc...

En defensa del oficio de médico (tal y como yo lo entiendo). Aclaraciones.

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  La verdad es que no pensaba escribir más sobre este asunto, pero visto el revuelo que se ha armado (no puedo decir que me sorprenda, sé en qué mundo vivo) me veo obligado a aclarar algunas mentiras y tergiversaciones que ha suscitado mi escrito. Mentiras y tergiversaciones que, por cierto, me han llegado por terceras personas, ya que yo no hago uso de las redes sociales. -¿Por qué lo hice, sabiendo que sería un asunto realmente polémico, a contracorriente? Lo hice porque, en uso de mi libertad de opinión, creí necesario exponer  la forma en la que yo (y muchos otros, no se engañen) vivimos nuestra profesión. Y lo creí necesario porque presencio, con gran preocupación, una corriente que va en contra de los valores que me hacen estar orgulloso de llevar una bata blanca. Los valores son: dedicación, compromiso y servicio a los pacientes. Y no estoy de acuerdo con las reiteradas quejas que últimamente llenan páginas de periódicos o programas de radio y televisión. Lamentacione...

La pandemia del virus SMQ

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  Vivo desde hace tiempo horrorizado por la rápida e imparable expansión del virus SMQ, que causa el temible síndrome del médico quejumbroso. Este virus, que se transmite por vías tan variopintas como la visual y la auditiva, induce en el médico un estado de extrema apatía que desemboca en victimismo, prolongadas bajas, reducciones de jornada, libranzas diferidas, liberaciones sindicales y ausencia de cualquier interés por los pacientes o por la ciencia. No hace mucho, he tenido la oportunidad de leer las declaraciones de una de las afectadas, la intensivista Tamara Contreras, en referencia a las guardias: «Yo soy de las tomadoras (de benzodiacepinas). Me muero y no me puedo dormir. Y entonces después me tomo un café para ir al cumpleaños de la amiga de mis hijas. Ruego que nos escuchen». El cumpleaños de la amiga de sus hijas en peligro… la llamada a la misericordia… una verdadera tragedia. Otra intensivista (o la misma, no lo puedo asegurar), narraba el El Mundo su estremecedora ...